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miércoles, 14 de octubre de 2015

Precio real del oro, “entre 10 mil y 50 mil dólares”: James Rickards

En el artículo del lunes le conté que el analista financiero internacional, James G. Rickards, autor del best seller The Death of Money (La Muerte del Dinero), escribió hace unos días un importante artículo titulado “Cómo se podría crear inflación en 15 minutos”. En su texto, dijo que la Reserva Federal –banco central estadounidense-, se sentía muy frustrada luego de tres grandes rondas de impresión monetaria que no han servido para lograr su meta: crear inflación.

Dijo que llegado el momento, la Fed podría “sacar del sombrero” una medida desesperada para alcanzar su objetivo, decretando que con efecto inmediato el precio del oro fuera de 5 mil dólares la onza troy (hoy ronda los 1,170 dólares). Para mantener esa cotización, el banco central estadounidense llevaría a cabo “operaciones de mercado abierto” –comprando o vendiendo oro de las reservas del Tesoro, según fuera el caso-.

Nos llamó la atención que tomara en específico el nivel de 5 mil dólares, y prometimos consultarle el por qué. Su sorprendente respuesta llegó pronto y aquí la compartimos.

El también autor de Currency Wars nos contestó vía correo electrónico que “El precio de 5 mil dólares se seleccionó como ilustración. El precio no-deflacionario real del oro bajo un patrón oro, es de entre 10 mil y 50 mil dólares la onza, dependiendo de los supuestos sobre la estructura del nuevo patrón oro.”

De manera que, en efecto, si la Fed llegase a tomar una medida como la de restablecer un patrón oro para “romperle la espalda” al dólar –su objetivo explícito-, quedaría en manos del Comité de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) el establecimiento del precio del oro dentro del rango que bien ha establecido Rickards.

A estas alturas a muchos sorprende la aparente contradicción que hay en que sea el propio emisor de una divisa el más interesado en corromperla y aniquilar su valor.

En el fondo no tiene nada de raro. Tienen que hacerlo así para aliviar la carga de la pesada y exponencial deuda de los gobiernos. De hecho, los bancos centrales –la “normalidad” de hoy en día- fueron creados con la intención de fungir como prestamistas de última instancia. Dicho de otro modo, su existencia se “justifica” en salvar banqueros de la quiebra y en satisfacer las necesidades de financiamiento de los gobiernos, “por el bien de todos”.

De ahí que una condición indispensable para el sostenimiento del sistema sea expandir el crédito ad infinitum, pues si dicha expansión se detiene, todo ese esquema de dinero de papel se viene abajo.
El problema es que las deudas, por más que se quiera, no se pueden expandir al infinito: tarde o temprano las cuentas se tienen que pagar, y llega el momento en que no se puede hacer adquiriendo más crédito.

Incluso el “todopoderoso” Tío Sam tiene que pagar, y no precisamente en papel moneda. De nuevo, siempre se alcanza el punto de no retorno tras el cual, las divisas inconvertibles en oro son repudiadas y alcanzan su verdadero valor: cero. Así ha sido hasta hoy y lo seguirá siendo, como ya explicamos en el artículo “El verdadero precio del dólar”.

No es casual entonces que para los bancos centrales el tema de la inflación sea de vida o muerte, que la deflación sea su peor miedo y el oro su enemigo público número uno. A diferencia del dinero de papel, no se puede crear tanto oro de la nada como se necesite para “pagar” a los acreedores, y así salvar a gobiernos y banqueros. Por eso los medios predominantes –al servicio de los grandes intereses financieros globales- no tienen en su agenda otra cosa que denostar al patrón oro.

La deflación sí es “mala”. Lo que no dicen es que es mala para los intereses aludidos. El consumidor difícilmente podría sentirse ofendido con precios a la baja, pues con ello su poder adquisitivo toma fuerza. No. La deflación que sí destruye es la de activos, que por cierto, es provocada primero por la expansión crediticia de los bancos centrales, que generan burbujas en esos mercados. Cuando esas burbujas revientan, sus ondas deflacionarias de choque tienen repercusiones negativas a escala mundial. Seguimos a la espera de una nueva oleada.


En este contexto, ¿llegaremos a ver los precios del oro de los que habla Rickards? Es posible. La duda en todo caso es más si será por decisión oficial o por la abrumadora fuerza del mercado, y el momento. En cualquier caso, la suerte del actual sistema monetario basado en el dólar, está echada.

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