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jueves, 31 de enero de 2013

MÉXICO: LAS BURBUJAS FINANCIERAS POR ESTALLAR

Imagen: susynreeve.com

Este miércoles se dio a conocer lo que en los medios llamaron una “inesperada caída” de 0.1% del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos, en el último cuarto de 2012 respecto al trimestre anterior.

Sin embargo, la realidad es que esta contracción, que además es la primera que ocurre desde 2009, es un síntoma más que evidencia lo que en este blog le he estado adelantando, respecto a una innegable desaceleración de la economía de ese país, y que nos pegará a los mexicanos.

Llama la atención que no obstante este dato, los mismos economistas y analistas que estimaban un crecimiento de más de 1% en ese período, son quienes están buscando interpretaciones con las que pretenden hacer ver que esa caída, “no es tan mala” como parece.

Peor aún, es que en México funcionarios y expertos afirman que no seremos afectados por esa caída del PIB estadounidense.

Ese, en un discurso que se parece mucho a la confianza y optimismo que en 2008 tenía el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, que como usted recordará, subestimó el impacto de la crisis económica diciendo que para el país solo sería “un catarrito y no una pulmonía como antes”.

El estar tan confiados y desprevenidos nos costó el tener una de las peores recesiones de que se tenga registro.

Por eso, al recordar la experiencia de entonces, como la de 1994, debería estarse tomando medidas para desinflar las principales burbujas financieras nacionales, que aunque evidentes, nadie quiere ver.

Estas están siendo causadas por la avalancha de dólares que, desde el Norte, no ha dejado de llegar por culpa de las conocidas “flexibilizaciones cuantitativas” (impresiones monetarias o QE, por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal.

Y es que todas las burbujas son así de seductoras, al grado que siempre autoconvencen a quien se deja, de que las señales negativas son solo transitorias y que todo marcha bien.

Ese es el dañino poder que tienen, y que ahora se vive en el peso, en la Bolsa de Valores y los bonos mexicanos, a causa de esa oleada de capitales extranjeros que están llegando aquí a ganar dinero fácil, y sin grandes esfuerzos.

Siempre sucede que la mayoría se ciega ante las burbujas, cuando están en fase de expansión, porque todos están contentos con sus efectos, mientras duran, sin pensar en lo que pudiera venir después. Es por eso que siempre se inflan y duran más allá de los límites imaginados.

Ojalá que el Banco de México (Banxico) hiciera lo que le corresponde, ya que en la ponderación de costos y beneficios, lo menos malo sería bajar su objetivo de Tasa de Interés Interbancaria a un día.

Es relevante que cuando menos uno de sus subgobernadores, Manuel Sánchez, admite que los factores externos son “los más importantes” afectando al peso, y no la política económica local, pero de poco sirve si las correctas apreciaciones no se materializan en acciones. Los titubeos han sido la constante en Banxico a la hora de tomar decisiones.

Esto debe cambiar pronto. Sobre todo porque se está escuchando por todas partes que México se está volviendo a poner “de moda”, gracias a sus “sólidos fundamentos macroeconómicos”. Un espejismo de las burbujas.

Eso es riesgoso, pues si bien no estamos tan mal como otros países, lo cierto es que nos vemos mejor de lo que estamos más por circunstancias externas, que por nuestras fortalezas.

Las cifras que ha expuesto el mismo Banxico así lo demuestran.

Debemos ver esos recursos entrantes como si fuesen prestados y que se tendrán que pagar, pues no los hemos generado nosotros con ahorros propios ni produciendo más y mejor. Es justo ahí donde radica el mayor peligro.

Ahora bien, eso no significa que no haya buenas oportunidades para nosotros.

Si y solo si se aprueban este año las reformas estructurales, principalmente la Energética, se mantiene el equilibrio fiscal y Banxico baja las tasas de interés, podríamos comenzar a pensar que se trabaja en ser menos dependientes del exterior y en mitigar en algo, los efectos negativos que llegarán cuando esas burbujas estallen, como sin remedio, lo hacen todas.

Posponer de nuevo esos cambios que son parte de la solución, será peor. Esperemos que esta vez, sí se actúe a tiempo.

domingo, 27 de enero de 2013

LAS TRES GUERRAS PERDIDAS DE LOS BANCOS CENTRALES


Guillermo Barba / Oroplata.com 

El mundo se encuentra inmerso en una crisis económico- financiera que no ha terminado. Esto es evidente, pues a pesar de los típicos discursos sobre la “recuperación”, las acciones de los políticos gritan en sentido contrario la desesperación en que se encuentran.

Más que nunca es válida la frase de: no creas nunca en lo que te digan, sino solo en los hechos de quien te las dice.

En estos años desde el estallido de la Gran Recesión, hemos sido testigos del rebote de un “gato muerto”. 

Este, solo fue posible gracias a la inyección de trillones de divisas y déficits públicos, con los que bancos centrales y gobiernos pudieron dar la impresión de revivir incluso a un enfermo terminal como la economía global, que se sustenta en lo insostenible: un sistema de dinero fíat (divisas digitales o de papel, sin respaldo en oro).

Sin embargo, las cifras que evidencian una nueva recaída en el futuro cercano para Estados Unidos, las permanentes tensiones en Europa y la preocupante situación en Japón, por citar solo algunos ejemplos, han empujado a los tomadores de decisiones a pensar en invadir esferas que no les corresponden, para dar la impresión de que todo marcha bien.

En específico, podemos referirnos a la nueva andanada de presiones y ataques a los que se está sometiendo a los bancos centrales y su pretendida autonomía, de los que la mayoría goza. Al menos por ahora.

Para decirlo sin eufemismos, estas instituciones están bajo asedio en una guerra que, por definición, tienen perdida: la guerra de la politización.

Y es que para la mente de los gobernantes, cuando una ley estorba a sus intereses es momento de cambiarlas, y pueden hacerlo. En este sentido, su lógica será amenazar a los banqueros contrales con una consigna: o hacen lo que se les pide –por lo general  “coadyuvar” al avance de la economía por la vía de más expansión crediticia (inflación), o se les cambiarán las reglas para que no sea voluntario hacerlo, sino por fuerza.

El caso más paradigmático es reciente: el del Banco de Japón (BoJ).

No olvidemos que el entrante primer ministro japonés, Shinzo Abe, fue categórico al señalarle que si no garantizaba una “ilimitada” impresión monetaria de yenes, y elevaba al doble su objetivo de inflación, perdería su independencia.

Con esa “arma” en la cabeza, el BoJ cumplió. Este martes anunció que para 2014 cambiará a un enfoque abierto de compra de activos (13 billones de yenes), cada mes, sin una fecha ni monto límite, por lo que se equipara al QE4 de la Reserva Federal estadounidense (Fed). La diferencia está en que no se establecen, como sí lo hizo la Fed, metas específicas de desempleo ni inflación. El sueño de la creación de divisas sin fin, se le cumplió a Abe.

Es de esperarse que la sucesión en la cabeza del BoJ que se dará en abril, traiga a un funcionario todavía más agresivo y afín al gobierno, por lo que la “flexibilización cuantitativa” japonesa ad infinitum podría ocurrir antes y con montos más grandes, pues la misión que le encomendará Abe, no es fácil aún: destruir al yen.

Ahora bien, el BoJ no es el único bajo ataque político.

El Banco Nacional de Hungría está sufriendo presiones análogas, y también tendrá un cambio de titular en marzo de este año. Éste, según el ministro de Economía húngaro Gyorgy Matolcsy, será aprovechado para construir una “alianza estratégica” que ayude al crecimiento y el empleo. Discusiones como estas también ocurren en otras latitudes.

Ante esto, una voz sensata como la del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, advierte con razón los peligros que esto conlleva, pues de hecho será visto como una declaración abierta de guerra de divisas (devaluaciones competitivas), en las que todos quieren correr las imprentas lo más rápido posible para que su moneda, al perder poder adquisitivo, el país gane en “competitividad”.

Esto no es nuevo, pero se acelerará con la mano gubernamental. Todos sabemos que lo que tocan los políticos en materia económica termina peor de lo que empezó, por la sencilla razón que lo que les importa, es la apariencia en el corto plazo para poder ganar la siguiente elección.

En este sentido, las declaraciones de Weidmann hacen notar que entre los motivos para repatriar su oro desde Nueva York y París, como anunció este mes, el Bundesbank tuvo que haber ponderado los costos y alcances de esa guerra de divisas, pues saben de antemano que pronto se convertirá en un juego en el que, quieran o no, todas las monedas tendrán que participar. Una a una caerá como ficha de dominó.
Justo ahí radica también la similitud que tendrá este efecto con el del oro.

Tal como hizo Alemania, es cuestión de tiempo para que cada día más países comiencen a demandar la repatriación de sus lingotes. Si nadie querrá quedarse atrás en la carrera de la devaluación, mucho menos en otra más importante: la carrera por un oro que no alcanzará para todos. Los banqueros centrales, aunque lo guarden “in pectore”, lo saben muy bien.

Como en el juego de las sillas, en el que al cesar la música siempre hay alguien que se queda sin asiento, así la falsa sobreoferta de oro físico maquinada por los derivados de “oro” papel, garantiza que a alguien se le tendrá que incumplir la entrega de su metal, y que para cuando eso ocurra, no será imposible conseguirlo en el mercado, pero para ello, se tendrá que pagar un precio que habrá crecido exponencialmente.

Así pues, los bancos centrales enfrentan tres guerras perdidas: la de la politización, la de divisas y la del oro, que auguran un escenario en el que las víctimas serán cuantiosas. Por supuesto, sobre todo aquellas que por desconocimiento u omisión, no hayan recurrido al incomparable amparo del oro y la plata físicos.

martes, 22 de enero de 2013

BANCO DE MÉXICO TITUBEA: ¿SUBIRÁ O BAJARÁ LA TASA DE INTERÉS?



El viernes pasado el Banco de México (Banxico), determinó mantener sin cambios su objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día, en 4.5 por ciento, donde se encuentra desde julio de 2009.

Este anuncio no sería ninguna sorpresa, si no fuera porque evidencia que, pese a contar con un diagnóstico correcto de la situación económico-financiera internacional y del país, titubea a la hora de tomar las decisiones adecuadas.

Esto es notorio cuando comparamos las conclusiones de sus dos últimos Anuncios de Política Monetaria, el del 30 de noviembre de 2012 y 18 de enero de 2013, pues en este lapso de solo mes y medio, dieron un vuelco de 180 grados, que nos llevó de la posibilidad de “un ajuste al alza en la tasa de interés de referencia”, a la ahora eventual reducción de la misma “para facilitar el ajuste de la economía a una situación de menor crecimiento económico y menor inflación.”

¿Por qué Banxico ahora sí comienza a considerar actuar? ¿Qué cambió en cuestión de semanas para la Junta de Gobierno? Mucho en lo político y poco en lo económico, en realidad.

Y es que si en la primera reunión citada se aludía a los riesgos del llamado “Precipicio Fiscal” en Estados Unidos, y a la “posibilidad” de mayores estímulos monetarios por parte de otros bancos centrales, en la sesión de este año ya era una realidad que no hubo tal abismo y sí, en efecto, se confirmaron los nuevos estímulos monetarios tanto a cargo de la Reserva Federal de Estados Unidos, como del Banco de Japón. Todo esto, en línea con lo esperado por casi todos los analistas serios.

En este sentido, aquí hemos dicho repetidamente que Banxico debió bajar más los tipos de interés en lugar de dejarlos en el mismo nivel desde hace más de tres años y medio, para al menos atenuar la colosal entrada de capitales golondrinos y sus efectos indeseados –consecuencia de ese “tsunami” de liquidez inyectado por los principales bancos centrales, que han inflado burbujas en el país que por ahora nadie quiere ver, pues se sabe que tarde o temprano tendrán que reventar.  

Entre ellas se encuentra la del peso mexicano, que se expresa en la artificial apreciación del tipo de cambio frente al dólar, y la de los bonos mexicanos, cuya elevación de precios ha comprimido los rendimientos para acercarlos a sus mínimos históricos. Una más es la de nuestro mercado bursátil.

Por otra parte, debemos tener en mente que después de la gran crisis que tocó fondo en 2009, una de las formas de “amarrar” la inflación ha sido justo a través del tipo de cambio. Un dólar barato ayuda sin duda a quitar presión al Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que terminó 2012 con una cifra de 3.57%, dentro de los límites tolerables para Banxico (hasta 4%).

Aquí podemos especular con cierto margen de certeza, que la mala decisión de “vitaminar” al peso a toda costa, pudo incluso haber venido de la oficina del entonces presidente Felipe Calderón. No podemos dejar de lado que en materia cambiaria, el Banco de México debe sujetarse a las directrices que le marque una Comisión de Cambios, que encabeza no el gobernador del Banco, sino el Secretario de Hacienda.

Por desgracia, toda la información relativa a las actividades de dicha Comisión, está clasificada como “reservada”. Sin embargo, las acciones del Banxico, como intervenir en el mercado cambiario cada vez que se “disparaba” el dólar, bien podrían hablarnos de una directriz muy clara de no permitir que cayera el peso.

Imagen: Antenasanluis
Esto podría haber cambiado, desde luego, con la llegada de una nueva administración federal. Ahí radicaría el factor político de este golpe de timón, que ojalá se dé en los próximos meses pues apunta en la dirección correcta.

Ello porque un peso artificialmente fuerte, afecta a la planta exportadora nacional, que genera gran número de empleos y divisas al país, en un ambiente en el que nuestro principal mercado, Estados Unidos, es afectado por una innegable desaceleración que nos golpeará muy pronto. De haber subido la tasa de interés, estos desbalances y las burbujas a reventar, se habrían vuelto más grandes aún.

Ahora bien, no todo es miel sobre hojuelas. El escenario que prevé Banxico de “menor inflación” para poder bajar su tasa, en realidad se refiere solo a la inflación general y la subyacente. El componente “no subyacente”, que abarca combustibles y productos agropecuarios, seguirá disparándose fuera del objetivo del Banco, lo que afectará más a los más pobres.

Más allá de ello, por lo aquí expuesto, la ponderación de costos entre subir o bajar las tasas, inclina la balanza a favor de la segunda opción, lo que significaría el fin de la fiesta del “súper peso” y el comenzar a desinflar las otras burbujas. Solo esperemos que esta vez, Banxico no demore más de la cuenta como es su costumbre. Para estos cambios Dr. Carstens se requiere valor, y ya no podemos perder más tiempo.

sábado, 19 de enero de 2013

ALEMANIA SE PREPARA: BUNDESBANK REPATRIARÁ SUS RESERVAS DE ORO

Oroplata.com

Guillermo Barba/ Oroplata.com

Es oficial: Alemania repatriará sus reservas de oro. Al menos en parte. Esto constituye uno de los sucesos más importantes de los últimos años, no solo en el ámbito de los metales preciosos, sino en todo el mundo financiero.

En un hecho inusual por parte del Bundesbank (“Buba”, banco central alemán), este miércoles anunció su nuevo plan de almacenamiento, con el que para 2020 pretende tener al menos la mitad de sus reservas de oro en bóvedas propias, en territorio germano. La otra mitad, permanecerá en Nueva York y Londres. En la siguiente tabla se detalla la localización actual y futura:

Ubicación del oro
Al 31 de diciembre de 2012
Al 31 de diciembre de 2020
Fráncfort
31%
50%
Nueva York
45%
37%
Londres
13%
13%
París
11%
0%
Fuente: Bundesbank

Esto significa que el Buba, retirará 300 toneladas del metal ubicado en Nueva York, y la totalidad de las que tiene en París hasta hoy, 374 toneladas.

Cabe destacar que las tenencias alemanas de oro, 3,391.3 toneladas, son las segundas más grandes del mundo, solo después de las que supuestamente tiene Estados Unidos con 8,133.5 toneladas.

El Bundesbank explica que toma esta medida, con la intención de enfocarse “en las dos funciones primarias de las reservas de oro: construir confianza domésticamente, y la habilidad de cambiar oro por divisas extranjeras en los centros de comercio áureo en el exterior, en un período corto de tiempo”.

Sin embargo, lo que más llama la atención y a la sospecha, es el repentino cambio de discurso que ha tenido ese instituto central, y que sólo puede traducirse de esta manera: en cuestión de semanas, el Bundesbank pasó de una confianza absoluta y ciega en sus pares, a un pánico que se ve obligado a contener y disimular, pero que para el público no puede pasar desapercibido.

Recordemos lo que en octubre pasado, el propio banco central dio a conocer en una entrevista publicada en su portal de internet bajo el título Reservas de Oro Guardadas Seguramente: “por favor, por años nuestro oro ha sido guardado por los altamente estimados bancos centrales de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia sin queja alguna, en lo absoluto (…) Parte del debate en Alemania se ha desviado hacia el absurdo.”

Asimismo, Andreas Dombret, miembro del Comité Ejecutivo del Bundesbank declaraba apenas el 1 de noviembre ante el presidente de la Reserva Federal (Fed) de N.Y.: “déjenme comentar sobre esta extraña discusión pública que tenemos en Alemania respecto a la seguridad de nuestro oro depositado fuera del país, una discusión traída por miedos irracionales (…) Les puedo asegurar que tenemos confianza en que nuestro oro está en manos seguras con ustedes”.

Entonces, ¿qué pasó? Esa parte, por supuesto, jamás se hará oficial. La confianza, a pesar de que se intente atenuar la “ofensa” con una repatriación paulatina, ya no es la de antes.

Analistas de todas partes tratan de descubrir la gran respuesta, pero lo cierto es que una decisión de tal envergadura, casi de la noche a la mañana, tuvo que haber sido tomada por varios motivos muy serios, tanto internos como externos.

Entre las causas tendrá que ver que el año pasado, Philipp Missfelder, parlamentario y miembro de la Unión Demócrata Cristiana, visitó Nueva York con la intención de inspeccionar él mismo las tenencias de oro, y el personal de la Fed no quiso, o no pudo, decirle con certeza cuáles lingotes eran los de Alemania.

También, que la Oficina de Auditoría Federal revelara en 2012, que el banco central no supervisaba de forma adecuada sus reservas áureas, y sugirió la verificación y pureza del metal en el extranjero, del que incluso, se duda de su existencia.

Más allá de especulaciones, la realidad es que Alemania no debería tardar tanto en repatriar su oro. Si ya ha dado la “bofetada” a la Fed, debería hacerlo de una vez y en cuestión de meses, no años.

No existe una razón válida para hacer la repatriación de manera tan lenta, menos aún cuando la propia Alemania reconoce, con este hecho, que la situación económico-financiera global es de tal gravedad, que el riesgo de tener su metal fuera de sus fronteras, lo expone en demasía a un riesgo de incumplimiento y confiscación, en medio de una crisis que dista mucho de terminar.

El “beneficio” de tenerlo fuera, no compensa para nada el riesgo de no tenerlo en propia mano.

Oroplata.com
Ahora, es probable que la decisión alemana de hacer una repatriación en siete años, tenga que ver con el conocimiento de que la Fed y la Banque de France no tengan en existencia la totalidad de su oro por haberlo “prestado”, pues gracias a legales trucos contables (swaps), los bancos centrales podrían haber proveído ese metal físico al mercado, de paso deprimiendo su precio, sin tener que reportarlo en sus balances.

Por ello sería muy importante que el Bundesbank dejara en claro de una vez, si tiene o no las listas de sus barras con número de serie, y las hiciera públicas. Esto permitiría indagar cuántos “propietarios” poseen en el papel, la misma barra. Desde luego, por el escándalo que se desataría, es casi imposible que esto suceda.

De ahí podría explicarse la reticencia del banco central a hacer un requerimiento expedito de entrega de lingotes, pues implicaría para los acreedores el tener que conseguirlos en el mercado con el riesgo de disparar su cotización, algo que seguro el Bundesbank no pretende agregar a la polémica. De “ofensa” menor, se estaría frente a un rompimiento total. En cambio, les ha concedido un tiempo que no debería.

Por eso, este elemento debe verse como extremadamente “bullish” (alcista) para el rey de los metales en el largo plazo. No se trata de un simple “cambio de bóvedas” como algunos piensan, ese oro tarde o temprano se tendrá que conseguir en físico, al precio que sea. 

De lo contrario, tendrían que mermar las existencias disponibles en las arcas de los acreedores, algo que se antoja muy difícil que permitan, dada su ya relativa escasez. Esta, acrecentada por la posibilidad real de que se encuentren “rehipotecadas” no una, sino decenas de veces.

Como quiera, Alemania en pleno ejercicio de su soberanía, ha optado por anteponer su interés nacional al de extranjeros. Que nadie pase por alto el mensaje subliminal que conlleva, y por el que todos, países y personas, deberíamos estar preocupados por tener a buen resguardo, y a la mano, nuestros metales preciosos. 

La situación de la economía, es más grave que nunca, y como en un barco que se hunde, hay que tener listos los “botes salvavidas”.

jueves, 17 de enero de 2013

ALEMANIA NOS PONE EL EJEMPLO: ¡REPATRIARÁ SUS RESERVAS DE ORO!

Imagen: Noticias.starmedia.com

No llevamos ni un mes de este año pero ya tenemos, sin duda, una de las noticias más importantes de este 2013: Alemania repatriará a su territorio, sus enormes reservas de oro. Al menos en parte.

Esta es una gran nota, pues no se trata de un típico país considerado como “no alineado”, rebelde, del tipo de Irán, Libia o la Venezuela de Hugo Chávez, que por desconfianza en sus custodios, ya antes solicitaron también que se les entregara sus lingotes contantes y sonantes.

No. En esta ocasión se trata de una de las potencias más grandes de Occidente, de la mayor economía de Europa, que por falta de confianza, aunque pretenda disimularla, ahora exige cambiar su “oro papel”, es decir, el documento que dice que son propietarios de un oro que se encuentra a miles de kilómetros, por metal físico.

Hasta hoy, las reservas de oro alemanas se encuentran en los bancos centrales de Nueva York (45%), Londres (13%), París (11%), y Fráncfort (31%).

Pues bien, esto cambiará en los próximos años, pues el Bundesbank, banco central de Alemania, planea que para 2020 al menos la mitad de todo su oro, esté en bóvedas seguras dentro de su territorio.

Como quien dice, “más vale oro en mano que una promesa volando”.

Y es que como se he explicado en repetidas ocasiones en Inteligencia Financiera Global, la regla número uno para la inversión en metales preciosos, sea oro o plata, es que o los tenemos disponibles a nuestro alcance, en un lugar seguro y propio, o no podemos considerarnos sus dueños.

Estos metales son, en realidad, de quien los guarda, por la sencilla razón que, si confiamos en alguien más, cuando se los pidamos podríamos encontrarnos con la desagradable sorpresa de que no los tenga, porque los prestó o los vendió, a pesar de que en teoría fueran nuestros.

¿Se imagina usted teniendo una urgencia de dinero, y que cuando acudiera muy confiado a recoger su oro con quien lo encargó, no se lo pudieran entregar?

Pues bien, eso es exactamente lo que entendió Alemania, que al ver la crítica situación de la economía del planeta, decidió mejor repatriar sus lingotes a casa. Es bien sabido que los bancos centrales occidentales y especializados (llamados Bullion Banks), tienen entre sus prácticas legales y comunes, justo el prestar no una, sino varias veces, un mismo lote de oro.

Desde luego, los alemanes jamás admitirán en público su desconfianza como causa real de la demanda, pero los hechos hablan por sí mismos. Quizás la única “cortesía” fue anunciar que pedirá sus barras áureas a la Reserva Federal de Estados Unidos y a la Banque de France, en un largo e innecesario período de siete años.

Imagen: Finanzas.yahoo.com
Ahora bien, recordará que en este espacio en 2012, en exclusiva, dimos a conocer que luego de una batalla legal con el Banco de México (Banxico), éste se vio obligado a revelar a este periodista, que más del 95% de lasreservas de oro de México, de apenas 125 toneladas, se encuentra en el extranjero–casi todo en Londres, y que por tanto, es vital que se traiga también a nuestra arcas.

Pues bien, parece que mejor han atendido esta recomendación del otro lado del mundo que aquí, y de esta manera, el Bundesbank le pone la muestra a Agustín Carstens de que sí, la localización de las reservas de oro es muy importante, y por eso, cuando menos la mitad de las nuestras deberían repatriarse también a México.

No hay argumento que valga como el “elevado costo” que tendría transportar tan valiosa carga, o los peligros de que sea robado. Alemania lo ha comprendido bien: como están las cosas en la economía y sistema financiero global, es mucho mayor el riesgo de tener lejos y en manos ajenas el refugio del oro, que el que implica su entrega.

Por eso trasladará en total casi 700 toneladas –casi seis veces más que las que transportaría México, claro, con el seguro respectivo.

Para que se dé cuenta del tamaño de la decisión alemana, debemos decir que las reservas de esa nación, casi 3,400 toneladas, son las más grandes que hay solo después de las que se supone tiene Estados Unidos, con más de 8,133 toneladas.

Se supone, pues cuando el año pasado un parlamentario alemán viajó a la Reserva Federal de Nueva York para ver con sus propios ojos su oro nacional, losfuncionarios de ahí no quisieron, o no pudieron, decirle cuáles de todos eranlos lingotes de Alemania.

Eso podría explicar en parte por qué en menos de tres meses, cambiaron de idea, de dejar el oro donde estaba, a pedir su entrega.

La peor parte de la crisis económica está por venir, y ahora que ya nos pusieron el ejemplo, urge que Banxico haga lo propio. Todavía estamos a tiempo. Ojalá que con este empujón, ya se decida el Dr. Carstens. ¿Será?

martes, 15 de enero de 2013

EL TOPE DE ENDEUDAMIENTO (O EL VERDADERO PODER DETRÁS DE LA CORTINA)

Imagen: albornbiz.blogspot.com

Existe en el mundo un poder que, aunque no es perceptible a simple vista, está siempre detrás de las decisiones más importantes, sea que estas se tomen por el presidente de Estados Unidos, la canciller alemana o el primer ministro de Japón. El que sea.

Esa descomunal fuerza, alinea siempre sus baterías para el logro de sus propósitos, y no titubea en presionar por todos los medios a su alcance a los tomadores de decisiones, a la par de esparcir sus argumentos a la opinión pública, no solo para que no se oponga a las medidas pretendidas, sino incluso para que terminen exigiéndolas “por su propio bien”. Una maquinaria perfecta.

No obstante, dado que el peso de las decisiones siempre tendrá sus mayores efectos en la mayoría de la población, es importante que estos sean dados a conocer, de manera que los afectados, puedan tomar las previsiones más oportunas para su protección, tanto personal como patrimonial. En ambos casos, la supervivencia está en juego.

Esto viene muy a propósito de la nueva discusión de los posibles efectos “catastróficos” de una negativa del Congreso de Estados Unidos, para elevar pronto el tope de endeudamiento de la administración Obama, antes de que el peso de sus gastos lo lleve a un incumplimiento de sus obligaciones de pago.

En los principales medios de comunicación (the mainstream media) ya se leen, ven y escuchan a diario, estos mensajes propagandísticos que reiteran, una y otra vez, que de no alcanzar un acuerdo político al respecto, se desencadenaría una nueva crisis global, una “recaída”.

Pongamos como ejemplo lo publicado este lunes por Alan S. Blinder, en The Wall Street Journal, que ha trata de lo “peligroso” que sería la caída del gasto estadounidense del seis por ciento de su Producto Interno Bruto, si no hay arreglo político.

Lo cierto es que prácticamente lo mismo se decía hace solo unas semanas, cuando el tema era el “precipicio fiscal” que, también clamaron, se pudo “evitar”.

Nadie podría negar que cualquiera de estos dos asuntos, por sí solos, en efecto implicarían una caída económica pero, ¿vale la pena posponer una recesión que de todos modos no se podrá evitar, y que más tarde será aún más pronunciada y con un costo aún mayor? Ese es el centro del debate.

Elevar de nuevo el tope de endeudamiento o posponer el indispensable recorte de gastos del gobierno, no hace nada por arreglar el problema de fondo: el dispendio que conduce a déficits públicos permanentes y la expansión del crédito, que conlleva también a la emisión cada vez mayor de papel dinero, sin respaldo en oro, pero sí en más deuda. Un círculo vicioso en el que subyacen las causas fundamentales de la crisis.

Si estas fueran las soluciones, ésta ya se hubiese resuelto, pues se recordará que al estallar el caos financiero global en 2008, tanto gobiernos de todo el planeta como sus bancos centrales, lanzaron medidas de “estímulo” sin precedentes que, prometieron, nos harían recuperar la senda del crecimiento. Esas herramientas, a la fecha, continúan vigentes.

Eso quiere decir que hoy, volver a usar el mismo discurso, es también la admisión tácita de que el sistema económico-financiero es un sistema fallido, pues siquiera para mantenerse en pie, con vida artificial, necesita más de la misma medicina que ya probó su inutilidad.

Por ello, es una mentira que se pueda evitar las consecuencias, como el poder detrás de la cortina nos vende por todos los conductos posibles, y que consigue que la opinión pública misma presione para que sus políticos “hagan algo”.

Imagen: poemayamor.net
No es casualidad que esas mismas fuerzas fueran las que doblegaran de la noche a la mañana, la oposición inicial de los republicanos en la Cámara de Representantes (House of Representatives), al acuerdo sobre el abismo fiscal enviado desde el Senado.

Con todo lo anterior, podemos adelantar que, de forma análoga a ese arreglo de última hora, la endeble oposición republicana volverá a ponerse a los pies de Obama para permitirle la emisión  de más deuda. Que no quepa la mínima duda.

El ruido de la aparente controversia que se suscitará alrededor, será solo parte de un “show” del que ya se conoce el final.

Por cierto, uno trágico que en el futuro tendrá que ocurrir no poco a poco, sino rápido y forzado por el mercado, pues los políticos de todo el orbe tratarán con todos los medios a su alcance, que suceda lo más tarde posible para que la “bomba”, le explote a otros en el cargo.

Para ser claros: Estados Unidos como el Japón, se dirige sin remedio a una crisis fiscal y de divisas para la cual, más vale estar preparados, como países y como personas.

Lo macro le toca a los políticos, pero lo micro, corresponde a cada uno y por tanto, buscar amparo financiero en activos reales, como el oro y la plata físicos, bien podría permitirnos sortear las vicisitudes por venir. La alternativa de esperar a que los de arriba solucionen todo, no parece ser una inteligente idea.

jueves, 10 de enero de 2013

MÉXICO: ¿BAJA INFLACIÓN QUE GENERA MÁS POBRES?

Imagen: ricos-y-pobres.blogspot.com

Ayer conocimos noticias tan importantes como contrastantes para la economía mexicana, que de alguna manera nos permiten adelantar lo que vendrá para este volátil año 2013.

Y es que primero, el INEGI nos ha dado a conocer que en octubre, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), tuvo un avance del 4.3% anual, tras el bajo 1.2% que presentó para septiembre.

Este dato es importante porque ese indicador, utiliza el mismo esquema y método que se usa para calcular el Producto Interno Bruto (PIB), por lo que se le considera como un avance de la tendencia o dirección de la marcha de la economía mexicana en el corto plazo.

Entre más suba, quiere decir que se elevó más la producción total de bienes y servicios de nuestro país, dando oportunidad a que se generan más empleos, negocios, ingresos para el gobierno vía impuestos, etc.
Habrá que esperar las cifras finales del PIB, para ver si estos números positivos se confirman, pero de entrada lucen bien.

Lo mismo podemos decir de la llamada Inversión Fija Bruta, o sea, los gastos que se hicieron en maquinaria y equipo, indispensables para las empresas, así como los de construcción, que a tasa anual creció también en octubre, un 9.5%.

Esto viene muy de la  mano con otra información que reveló el INEGI esta semana, respecto al Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), lo que usted y yo conocemos como inflación –la subida de precios para el año pasado, que fue de 3.57%, muy en línea con el tope máximo del Banco de México (Banxico) que es del 4%.

Donde ya no empieza a lucir tan bien, es a la hora de revisar a detalle el aumento que tuvieron productos básicos como los combustibles, que subieron en 2012 un 5.62%, y productos agropecuarios, que se dispararon casi 9.2%, fuera de la meta del Banxico y lejos de lo que todos quisiéramos.

Entre estos, no sorprende que los productos pecuarios hayan subido más, pues se acordará lo que nos pasó con el huevo, cuyo precio causó problemas durante varios meses, al grado de que ahora que bajó no regresó a los niveles que tenía antes de su crisis.

Si la inflación general no refleja estas alzas tan grandes como nosotros las sentimos, es porque otras tarifas menos importantes, como las de telefonía celular, sí bajaron de precio.

Imagen: Aztecanoticias.com.mx
Por eso, no sorprende que en los últimos  dos años, el número de mexicanos en pobreza extrema se haya elevado en 1.3 millones de personas, para llegar a los 13 millones, según la Secretaría de Desarrollo Social. Esto pese a la “baja” inflación que tanto se pregona.

Es justo este el mayor de los retos a los que nos enfrentamos en el país, pues no nos volveremos más ricos si bajan las tarifas del teléfono fijo o móvil, ni los paquetes turísticos, que fue de lo poco que bajó en 2012, pero en cambio, cada peso que suban las tortillas, la leche, los frijoles, o el gas, significa para millones de personas un gran sacrificio para su ingreso, con el riesgo de caer en la pobreza.

El 2013 empieza así con sentimientos encontrados, pero también con la esperanza de que nos vaya mejor. El nuevo gobierno de la República ya está haciendo su parte y lo está haciendo bien, pero los resultados tardarán todavía varios años.

Por eso, para nuestro día a día no nos queda más que ser responsables con nuestras finanzas personales. 

Ponerse la meta de poder ahorrar, por ejemplo, sí que sería un buen propósito para el año que estamos comenzando, y claro, si es en onzas de plata Libertad, pues mucho mejor.

Su imparable alza en todo lo que va del siglo, nos confirma que si bien no podemos ahorrar guardando gasolina o kilos de tortillas para ampararnos de su aumento de precios, este metal puede proteger mejor nuestro poder adquisitivo en el largo plazo de lo que lo hacen nuestros pesos o los famosos Cetes.

No buscar refugio financiero, significa sucumbir al más injusto y silencioso de todos los impuestos: la inflación. Usted, ¿se piensa dejar?

miércoles, 9 de enero de 2013

THE JAPAN DEBT TRAP AND DISASTER HORIZON...


Goldsilver.com
Guillermo Barba/Goldsilver.com
A few weeks ago the Bank of Japan announced its latest round of monetary stimulus, the third in four months, and the fifth of 2012.
The Bank of Japan (BoJ) declared a monetary expansion of 10 trillion yen, putting its cumulative asset purchases and holdings at a whopping 101 trillion yen.  
This is to a degree, Japan's version of the Federal Reserve's Latest Program (QE4), announced last month.  
Through QE4 the Fed will be printing (debasing) a scheduled 85 billion dollars a month through the purchase of Treasury bonds and mortgage-backed securities (MBS).  It is worth noting that if applied as stated, the Fed's balance sheet will approach $4 trillion by the end of 2013.   
The BoJ's recent measure, of course, is nothing new, but it does allow us to foresee the Fed's own path:  once you fall into the trap of monetary creation, you cannot escape its fate. Governments will follow the same path to the end, which needless to say, will be severe for unsuspecting majority. 
The same applies to the "cancer" of fiscal deficits: If the combination of deficit spending and monetary stimulus were the answer, Japan would have a robust economy and not have fallen victim to two "lost decades" continuously.  Further evidence to the Keynesians and monetarists (for whom the hole is never deep enough) that the fiscal and monetary exit will not go unpunished.   
A few data points suffice to show this trend.  By September last year, the BoJ held a 11.1% of the total outstanding Japanese government bonds, according to its own figures.  For the first time in history, its holdings of government debt alone exceeded a record 100 trillion yen.  
In practice, 11 out of every 100 yen in Japanese debt were created out of nothing by its own central bank to finance a rapidly growing deficit and cover the government's borrowing costs.  The trend has only accelerated over the past years.
The BoJ has attributed its intervention as a means to offset Japan's structural economic issues.  The country faces  declining revenues, a product of several decades of economic stagnation, and rising costs attributable to an increase in social spending to sustain its aging population.  
This comes in addition to Japan's already hefty debt to GDP ratio of 230%, the highest in the developed world, exceeding that of any European nation including Greece, Italy, Portugal or Ireland.  While Japan has benefited from the confidence financial markets have given it, this does have its limits.   
To be more realistic, Japan's sovereign debt already exceeds one quadrillion yen ( ¥1,000,000,000,000,000+ ). This debt is un-payable.   Its amounting of debt will not prevent disaster, it will only postpone it.
Notwithstanding its critical situation, the incoming leadership of Prime Minister Shinzo Abe, has been very vocal in his intention to raise monetary and fiscal intervention to unseen levels.
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Clouded by the erroneous thought that government can manipulate the economy at will, Abe has promised to "re-inflate" the economy at all costs, even threatening the Bank of Japan's independence if it does not guarantee "unlimited" currency creation and a higher target inflation rate.
More than ever, a currency crisis threatens the Land of the Rising Sun.  An eventual collapse of its bond market will eventually become a serious strain on government financing.  Benefited to date by record low yields (around 0.8% on 10 year debt), if interest rates soar (bond prices fall), financing deficits will become impossible.  
Could that be the true objective of the new government?
Some say that Japan owes most of its debt to "itself" or its large population of savers.  
But just for that reason, the clear decision to "kill" the yen, which is at multi-month lows against the U.S. dollar, has dyes that go far beyond economic immorality.  
What do you call a government policy aimed at devaluing its currency?
Do the Japanese know that every additional round of stimulus simply takes the debt (much of which is owed to them) to un-payable levels?
This is exactly what will occur: a scam for paper savers.  
The result, of course, will be a more pronounced depression leading to more lost decades and the impoverishment of citizens.
As is evident, we are in a global "currency war" through which countries such as the United States and Japan are continuously devising more effective and faster ways to devalue their currencies in what has become a Race To Debase.  No government wants a strong currency. 
The world is undergoing an incredible amount of systemic risk that threatens the existence of millions. The mountain of debt that has accumulated seems endless, but it will fall under its own weight.
The root cause of this tragedy, to many unknown, began with the forced demonetization of silver in the nineteenth century, and a century later to also include gold with the break from Bretton Woods in 1971.
Both precious metals (such as Prof. Antal Fekete says in his latest article "The Silver Saga"), constituted "the best extinguishers of debt we had".
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Therefore possessing precious metals today makes more sense than at any other point in history.  True money cannot be created out of nothing as currencies are because they are tangible assets with intrinsic value.  Thus any person in Asia, Europe, America, regardless of location, can seek the refuge these monetary assets offer.  The alternative is falling victim to the house of cards that debt and currencies are today.

lunes, 7 de enero de 2013

¿POR QUÉ “RESCATAR” MUNICIPIOS EN QUIEBRA SERÍA UN ERROR?

Foto: Sexenio.com.mx

Ayer el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, dejó en claro que el gobierno de la República no puede hacer un “rescate” de estados o municipios quebrados o con problemas financieros. Esta decisión expresa, para decirlo con claridad, que el funcionario no es un “tecnócrata” como algunos lo han calificado, sino algo muy distinto: un político con inteligencia financiera.

Esta, por cierto, un bien escaso que no se adquiere con grados académicos.

La historia no solo de México sino de muchos países alrededor del mundo, y el momento presente,  así lo demuestran. Sobran los ejemplos de maestros o doctores en economía, formados en las universidades más prestigiadas, que han tomado decisiones de gobierno que atentan contra el elemental sentido común.

Sobra decir que siempre, el resultado de querer desafiar las fuerzas naturales de la economía y del mercado con la de la política, es un desastre que crece en proporción directa a la gravedad del error.

Por eso, es muy positivo que el encargado de las finanzas nacionales, cumpla bien con la tarea encomendada por el presidente de la República.

Pero, ¿por qué es un sinsentido “rescatar” no solo municipios o estados, sino empresas o países enteros en quiebra?

La respuesta no es difícil: en la economía como en la vida, nada es gratis ni existen las inversiones de “riesgo cero”.

Es muy importante entender esto, porque en ocasiones por la premura de querer solucionar un problema, se empeora otro mayor. Se pierde de vista que un “rescate” es, de hecho, la asunción de un compromiso, una deuda, por parte de un tercero que en el inicio no estaba involucrado, y que por tanto, no tiene por qué asumirla. Con las suyas, ya tendrá suficiente.

Ver esto en el plano personal, es elocuente: a nadie le parecería ser forzado a entrar a “apoyar” a un vecino a liquidar su hipoteca, cuando por su irresponsabilidad en el gasto ya no pudo seguir pagando. Los costos, en este caso, deberían correr a cardo del deudor, que podría perder su casa y activos, y del acreedor o acreedores, que perderán seguramente una parte del dinero prestado. Nadie más.

Así es como deben funcionar las cosas en el mercado. Es la forma en que éste logra su equilibrio pues, una vez admitida la bancarrota, el ciclo puede reiniciarse desde cero, es decir, con bases sólidas tras las cuales, todos se pueden recuperar. No es el fin del mundo, es lo normal.

Sin embargo, esta realidad es la que una y otra vez se han negado a aceptar gobiernos como el de Estados Unidos o los de la Unión Europea, que pretenden salir de una crisis creada por exceso de gasto y deuda, “salvando” economías o grandes bancos con cargo a sus ciudadanos.

En otras palabras, se empezó con un problema y se terminó con otro más grande con cargo a quien no la debía, y que más tarde, quebrará también.

Pero la pregunta es, ¿tiene incentivos a cuidarse de los riesgos, alguien que sabe que cuando entre en problemas alguien más pagará por él?

Igual aplica para los prestamistas: ¿se sentirán muy motivados a seleccionar a sus clientes, sabiendo que en caso de apuros el gobierno saldrá al quite?

Por eso existen las tasas de interés. Alguien con mayor fortaleza financiera y buen historial, merecerá una mejor que otro menos favorecido, pero para que ese mecanismo funcione como debe es fundamental que se establezca en un mercado auténticamente libre. Imponerlas, es un engaño.

En este sentido, podrá comprenderse mejor por qué manipular los tipos de interés a la baja con el pretexto de “estimular” la economía –como lo hace la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el de Inglaterra por citar algunos, solo puede tener efectos devastadores: se parte de la misma falacia del riesgo cero, cuando lo que se vive es producto de una burbuja de crédito que ha reventado, y que se pretende de manera inútil volver a inflar. No se puede apagar un incendio rociando gasolina.

Ahí radica la urgencia de ajustes legales que el presidente Peña Nieto anunció desde su toma de posesión, antes de que el tema del financiamiento de estados y municipios se vuelva inmanejable, pero también, antes del siguiente coletazo de la crisis global que dista mucho de acabar.

Poner orden es indispensable, tanto como que los gobiernos estatales y ayuntamientos pongan manos a la obra en el mejoramiento de su recaudación y el recorte de sus gastos. El dispendio, bajo el pretexto que sea, no tiene justificación.

sábado, 5 de enero de 2013

PREPÁRESE: EL VERDADERO PRECIPICIO FISCAL AÚN ESTÁ POR VENIR

Imagen: Oroplata.com

Guillermo Barba/Oroplata.com

El año nuevo ha iniciado con gran emoción en los mercados bursátiles del mundo, que celebraron la llegada de 2013 con alzas muy importantes tras la aprobación del acuerdo, que “evitó” eldenominado “precipicio fiscal” en Estados Unidos. Según nos dicen, éste habría llevado a la economía de aquel país y del mundo a una dolorosa recesión.

Sin embargo, varias verdades se esconden detrás de ese optimismo, como que el fondo del problema no se ha resuelto en absoluto: el excesivo gasto deficitario del gobierno estadounidense y su endeudamiento sin fin.

Es más, según la propia Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), el decreto firmado por Obama, agregará cuando menos, casi cuatro billones de dólares al déficit fiscal en los próximos 10 años.

Por supuesto, debemos considerar que esa previsión podría ser mucho peor, pues al revisar viejas proyecciones de esa oficina, encontramos que también suelen pecar de optimistas.

En 2001, por ejemplo, la CBO estimó que a finales de 2011 el gobierno tendría un superávit de casi 900 mil millones de dólares, cuando en realidad, producto de los “estímulos” inyectados por la crisis de 2008-2009, hubo un déficit de 1.3 billones.

Estos desequilibrios se han mantenido toda la actual administración federal, y continuarán.

Por otro lado, el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), en un comunicado emitido el 2 de enero, da cuenta sin querer de la gravedad de la situación: “Si el Congreso no hubiese actuado, habría descarrilado la recuperación económica”.

Y es que ¿acaso puede ser sostenible una “recuperación” que se fundamenta en algo que por definición no puede aumentarse al infinito, como el gasto público y la deuda? Por supuesto que no. En otras palabras, el rebote vivido luego de la caída de la gran recesión, tiene los trimestres contados.

Quizás se haya ganado algo de tiempo, pero no hay duda de que la economía se dirige a un nuevo abismo, del que para intentar salir, se recurrirá a las mismas herramientas de utilizadas hasta hoy.

Como quiera, el acuerdo de todas formas implica el aumento de impuestos tanto para familias de altos ingresos, como para los de niveles medio y bajo.

Para los primeros, cuyos ingresos sobrepasen los 400 mil dólares individuales al año, o 450 mil para parejas casadas, la tasa impositiva subirá de 35 a 39.6%.

Mientras tanto, la afectación para el resto será sobre todo a través del impuesto sobre nómina (payroll tax), cuya reducción temporal de 2% quedará sin efecto. Se estima que esto golpeará al 77% de los hogares norteamericanos.

Lo que es un hecho, es que de nada servirá fortalecer en apariencia los ingresos, si el cáncer del dispendio se mantiene sin cura.

Podemos explicar esto, con lo que análogamente se suele escuchar en las finanzas personales: entre más se gana dinero, más se gasta.

Pongamos el caso de un profesionista que percibe 100 mil dólares de ingreso anual, pero cuyos gastos ascienden a 150 mil, y que cree que sus dificultades financieras se solucionarán consiguiendo un empleo que le pague 200 mil al año. Cuando por fin lo logra, pronto descubre que su desbalance no solo no se corrigió, sino que ahora consume 300 mil dólares.

El ejemplo es una muestra de que más allá del nivel de sus ganancias, su destino será la quiebra si no corrige sus malos hábitos de consumo, de manera que equilibre su balance hasta poder ahorrar, y salir de la esclavizante carga de la deuda.

Este simple principio de inteligencia financiera, es el que pretende hacerse a un lado por los gobiernos y bancos centrales más influyentes del orbe, que insisten en perpetuar los déficits fiscales y la creación de divisas (impresión monetaria) como “estímulos” económicos.

Un síntoma más de esta enfermedad, es la discusión que en menos de dos meses, se estará presentando de nueva cuenta en el Congreso estadounidense, esta vez, para volver a elevar el tope de endeudamiento de la administración Obama.

Con todos estos antecedentes, lo que debe quedarnos claro es que Estados Unidos se dirige a una crisis fiscal y de divisas en los años por venir,del tipo que también impactará antes al Japón.

Asimismo, que la más alta calificación crediticia que todavía algunas firmas calificadoras de riesgo otorgan a ese país, debe ser irrelevante para los inversionistas preocupados por la protección de sus activos, pues lo único que lleva a sus bonos a no ser considerados aún como “basura”, es la capacidad americana de fabricar la principal divisa de “reserva”, o sea todos los dólares que desee, para “pagarlos”.

Lo malo, es que eso significa que la devaluación del dólar, en el largo plazo, será constante. Cada billeterecién impreso le restará valor frente a aquellos activos que por naturaleza, no pueden ser reproducidos sin límites.

Ese es el “secreto” del por qué los alimentos, energéticos y materias primas suben de precio más que otros productos.

Que nadie se sorprenda tampoco, que 2012 haya significado el décimo segundo año consecutivo al alza para el dinero real, el oro, que acumula así su racha más larga desde hace casi un siglo.

La voz del oro –y de la plata,habla así para quien la quiere escuchar, con una voz de advertencia de que, acumularlo de forma regular, es una buena manera de prepararse para el verdadero precipicio que viene.