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domingo, 13 de octubre de 2013

3a. PARTE: LAS OMISIONES DE LUDWIG VON MISES

Ludwig von Mises
En las dos primeras entregas –el Manifiesto de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (NASOE, por sus siglas en inglés) y Los Errores de la Escuela Austríaca post Mises, abordamos los aspectos generales y las fallas de los economistas “austríacos” que, al alejarse del método y filosofía originales de su fundador, Carl Menger, se desviaron también de la posibilidad de ofrecer una solución real y actual al problema de la crisis económica de nuestro tiempo.

Por ello, es conveniente exhibir ahora las tres omisiones de Ludwig von Mises, identificadas por el Prof. Antal Fekete, cabeza de la NASOE.

Los economistas post Mises fallaron al no desarrollar una auténtica teoría “mengeriana” del interés, a pesar de que las pistas se encontraban desde la explicación que dio el propio Menger en El Origen del Dinero.

Así pues, el ascenso del dinero es resultado de una evolución en la cual, el mercado fue discriminando a las materias primas menos vendibles hasta encontrar las dos más mercadeables de todas (oro y plata), que por esta característica se pudieron convertir en el medio de intercambio general, en una palabra, en dinero.

El oro es la sustancia cuya utilidad marginal es tan alta –la mayor de todas, que para todos los fines prácticos es constante. El apetito por el rey de los metales, es casi insaciable, seguido de la plata que tiene el segundo puesto en esta materia.

Como es obvio, el intercambio directo de bienes (trueque) dio origen, conforme aumentó la complejidad y cantidad del comercio, al cambio indirecto con dinero (oro y plata).

Éste es por tanto resultado de la “negociabilidad en lo grande”. El del interés es el resultado de un proceso análogo, el de la “negociabilidad en lo pequeño”, conocido también como “acumulabilidad”.

El Prof. Fekete explica que después de que el Protestantismo hizo moralmente aceptable el cobro y pago del interés, éste apareció conforme la conversión directa de riqueza en ingreso (acumulación y desacumulación), dio pie a la misma conversión pero indirecta (a través de la compra y venta en el mercado de bonos).

Más aún, los “austríacos” post Mises fallaron en desarrollar todas las implicaciones del Principio de Marginalidad, en particular, en lo que se refiere a la preferencia temporal. Y es que ésta sólo tiene sentido cuando se le considera en términos de una preferencia temporal marginal.

Ésta es la del ahorrador marginal, quien es el primero en vender su bono de oro como protesta por las bajas tasas de intereses que recibe del gobierno y de los bancos, que las han empujado por debajo de la tasa de preferencia marginal del tiempo a causa de la abundancia de ahorro. Al hacerlo, recibe sus monedas de oro en propia mano.

El ahorrador marginal mantendrá su oro o preferirá gastarlo hasta que los bancos, suban la tasa para atraer más metal, y permitan así que la tasa de interés regrese al nivel de la tasa de preferencia marginal del tiempo. Como es evidente, esto lo tienen que hacer los bancos obligadamente como consecuencia del arbitraje que hará siempre el ahorrador marginal entre el mercado del oro y el mercado de bonos de oro.

Es este arbitraje el que le da “dientes”, dice Fekete, a la preferencia temporal: drena las reservas de oro del sistema bancario que, en consecuencia, tiene ahora que empujar hacia arriba la tasa de interés hasta regresarla a la tasa de preferencia marginal del tiempo, cuando el ahorrador marginal soltará su oro para recomprar su bono de oro con ganancia.

Cabe recordar que los bonos y sus tasas de rendimiento se mueven en sentidos opuestos: a bonos caros, menores tasas de interés; a bonos más baratos mayores las tasas. El ahorrador marginal sabe esto y venderá su bono de oro a un precio alto (baja tasa), para recomprarlo a uno más bajo (alta tasa).

Mises y sus seguidores fallaron en revelar el nexo inseparable que hay entre el oro y el interés.

Así, se demuestra que promesas de pago en moneda de oro, en cualquiera de sus formas (como los certificados de oro emitidos por el Tesoro estadounidense antes de 1933 u otros) no siempre sustituyen a la moneda de oro como tal, refutando la posición de Mises. Al vender su bono de oro, el ahorrador marginal se negará a tomar “oro” papel e insistirá en que se le pague en moneda de oro contante y sonante, nada más.

La segunda omisión importante de Mises fue el no aportar una teoría positiva del patrón oro.

Él y sus seguidores sostienen de manera equivocada que la utilidad marginal del oro no puede ser constante, porque implicaría que su demanda y su precio subirían de modo infinito. Como ya se vio, esto no es así pues la tasa de interés de los bonos de oro, con el que arbitra el ahorrador marginal, es la que define el techo y el piso para la demanda de oro físico.

El piso de la tasa de interés lo pone la tasa de preferencia marginal del tiempo, como ya se vio. El límite superior en cambio estará definido por la productividad marginal del capital, pues al subir la tasa de interés por encima de ese nivel, el empresario preferirá vender sus activos y preferirá comprar bonos de oro.

Es un error grave de Mises el rechazar el postulado de Menger sobre la utilidad marginal constante del oro, pues así se perdió de vista que el metal, es la única cura a las malas deudas, por ser un pago en sí mismo, y junto con la plata, los únicos activos monetarios que no son al mismo tiempo, un pasivo en la hoja de balance de alguien más.

De este modo, no se puede construir una montaña exponencial de deuda bajo un auténtico y funcional patrón oro, como el que propone la Nueva Escuela Austríaca de Economía, con base en su teoría del interés y la teoría cualitativa del dinero.

La omisión final de los economistas “austríacos” post Mises, es no haber estudiado la especulación a profundidad, en especial después del embargo al oro impuesto de forma unilateral por Estados Unidos en 1971, y el inicio poco tiempo después del comercio de futuros de oro, con la que el sistema se dotó de la (falsa) capacidad de crear oro de la nada vía el apalancamiento de “oro” papel.

Antal E. Fekete
En consecuencia, pasaron por alto el desarrollo de dos conceptos como son la Base y la Cobase del oro (más sobre estos puede encontrar aquí en el Blog de Inteligencia Financiera Global), que sirven de indicadores inequívocos, que trascienden el precio del metal, de que habrá un “evento cataclismico” –como lo denomina Fekete, solo comparable al colapso del Imperio Romano de Occidente.

Esto, porque la Base y Cobase permiten identificar el momento en que el oro entra en “backwardation” (cuando el precio al contado es más alto que el de sus contratos de futuros más cercanos), que en la práctica significa que el metal físico está “desapareciendo” de la circulación para ser acumulado fuera del sistema, en anticipación del derrumbe económico que se avecina en la forma de una hiperdeflación.


Para explicar esto y todas las consecuencias de la backwardation del oro y lo que ocurre cuando se vuelve permanente, los invitamos a seguir la próxima entrega de esta serie sobre el Manifiesto.

ÚLTIMA PARTE: LA HIPERDEFLACIÓN QUE VIENE

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