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miércoles, 18 de septiembre de 2013

SÍ, ESTAMOS EN RECESIÓN




Imagen: El Economista
En entregas anteriores de esta columna, le informamos que según diversos indicadores de la economía mexicana, ésta ya se encuentra en una recesión que habría dado inicio hacia el tercer trimestre de 2012.

Aquellos optimistas que desde entonces se apresuraron a calificarla primero como una mera desaceleración temporal, son los mismos que hoy insisten en menospreciar ese período recesivo con tecnicismos que les permiten negarlo.

También, le expusimos que Banco de México (Banxico) realizó un inesperado recorte de su Tasa de Interés Interbancaria a un día, como parte del pánico que tanto al propio banco central como a Hacienda, les produce la realidad de la recesión por ellos conocida, y a la que buscan atacar por todos los medios de política a su alcance.

De cara al público, sin embargo, buscarán sacar de la chistera hasta el último truco disponible para asegurar que esa recesión jamás existió. Así lo ha hecho Luis Videgaray, secretario de Hacienda, quien ha rechazado hoy la existencia de una recesión para hablar solo de un crecimiento "muy por debajo de lo que necesita crecer".

Como quiera, está claro que la autonomía del Banxico no le alcanza para sustraerse del ambiente político que lo presiona para sumarse a los esfuerzos, decididos desde el gobierno, por “estimular” la economía nacional. Eso sí, por ningún sitio veremos escrito ni escucharemos que el Instituto Central que gobierna Agustín Carstens tiene ese propósito, pues la oleada de críticas se vendría encima, por traicionar su tradicional postura de combate a la inflación.

Por otro lado, atrás quedó el ímpetu inicial del “déficit cero”, de la disciplina y austeridad en el gasto, pues la coyuntura política y social hizo que se diera un giro de 180 grados de lo que era la dirección correcta: no castigar cobrando más a los mismos contribuyentes de siempre.

Las viejas recetas de echar a andar la economía por la vía del déficit público, del endeudamiento, de la expansión del consumo a cualquier costo, vuelven a hacer su aparición.

Es ahí donde la ya poco citada reforma financiera exhibe sus mayores riesgos, pues desde el sector público podría terminarse presionando a los otorgantes de crédito para abrir al máximo la llave de los préstamos. 

Pocas cosas hay tan sencillas como dar dinero al por mayor con promesas de pago, pues lo difícil llega a la hora de querer cobrar. Esa “película” también ya la vimos en México hace más de 20 años.

La causa de este giro hacia lo popular se encuentra en las resistencias sociales e ideológicas a la necesaria reforma energética. En un juego de compensar malestares, el presidente Peña Nieto decidió lanzar una reforma hacendaria que hoy, más que coadyuvar al crecimiento económico nacional, lo pondrá en duda.

Ayer el propio presidente deI Comité Nacional de Estudios Económicos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), Jonathan Heath, quien hace solo un par de semanas aseguraba que no se podía pensar en hablar todavía de una recesión, dijo que la reforma hacendaria como está planteada, podría dificultar la recuperación económica. Asimismo, corrigió al declarar que México sí está en recesión: "no es nada profunda, es bastante ligera, (pero) es una recesión al fin y al cabo"

El sector empresarial –el más castigado con la reforma hacendaria, ha dicho a través del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado que la decisión del Ejecutivo federal de aumentar el déficit público para los próximos dos años, aumentará los requerimientos financieros del gobierno en siete puntos del Producto Interno Bruto (PIB), y por tanto, se pondrá en riesgo la estabilidad económica nacional en el mediano plazo, que hoy tanto se presume.

Luis Foncerrada, director del organismo, recuerda que algo así no ha sucedido desde los años ´80.

En fin, la tan negada recesión se hace evidente cuando se observa el conjunto de acciones que emprenden desde la Administración federal, y nos hace temer que el presidente no está dispuesto a que en su sexenio el crecimiento, otra vez sea mediocre.

Lo malo es que si optó in pectore por una economía que se mueva a través de la depreciación del tipo de cambio, de la inflación, de la deuda y el gasto público, los beneficios de corto plazo no podrán compensar los costos que, más tarde, tendremos que pagar los mexicanos con otra crisis. La historia, tiende a repetirse.

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